Ya se ha publicado la entrada del resumen de esta práctica por lo que los nuevos comentariorios los podéis dejar allí.
Con este tipo de química uno jugaba con fuego, en el sentido literal y metafórico. Se desataban inmensas energías, fuerzas plutónicas, y yo tenía la emocionante, aunque precaria, sensación de controlarlas, a veces por los pelos.
Al pensar en todos los hediondos compuestos de azufre y el atroz hedor del selenio y el telurio, decidí que esos tres elementos formaban una categoría olfativa además de química, y a partir de entonces, al pensar en ellos, los llamaba los “apestógenos”.Para el debate:
Este es un capítulo dedicado al descubrimiento, la experimentación y la demostración de que la ciencia está en todas partes. Por eso comienza en la cocina, lugar privilegiado de la casa donde la química está siempre presente, transformando sustancias en otras y generando calor, olores y sabores.
Es muy interesante observar cómo el autor describe las sensaciones que le producen los experimentos que realiza y los libros que lee; la fascinación que provocan en él la lectura de los autores del siglo XIX en los que ya se habla del disfrute de hacer ciencia y se describen muchos procesos químicos que pueden observarse en la vida cotidiana. Después de leerlos, decide experimentar, crearse su propio laboratorio casero, buscar sustancias y material de laboratorio ya que, como él mismo afirma: “Era más divertido, más excitante, hacerlo yo mismo”.
Así, el protagonista aprende cada vez más sobre las leyes que obedecen las reacciones químicas y las características de los elementos, como su número másico y su número atómico. Pasión y aprendizaje.
Para el debate:



